¿Dónde está Ana Mendieta? es el título de un libro (escrito por la historiadora Jane Blocker) sobre los trabajos de la artista cubana, pero es también el grito de un grupo de mujeres que el pasado junio reclamaban la presencia del trabajo de la artista frente a la ampliación del museo Tate Modern de Londres. Estos gritos podrían interpretarse como ecos de los que ya se oyeron en la entrada del Museo Guggenhein de Nueva York por los mismos motivos en 1992. En Iowa City, donde Mendieta vivió e inició su carrera artística, también se reivindica la presencia de esta mujer que tanto influyó en el arte feminista y el pasado sábado, día 5, se organizó un panel en la biblioteca pública de la ciudad con el título Researching Ana Mendieta, a cargo de la profesora Adriana Méndez Ródenas, la artista Artemisa Clark y la escritora Jenna Sauers, con motivo del festival The Witching Hour.

Sweating Blood, 1973 (Galerie Lelong)

Sweating Blood, 1973 (Galerie Lelong)

Mendieta, considerada una de las artistas más representativas del movimiento feminista en el arte contemporáneo, emigró en 1961 a Estados Unidos con su hermana, Raquel, como parte de la Operación Peter Pan llevada a cabo por el gobierno de Estados Unidos, la Iglesia Católica con el apoyo de los cubanos ya exiliados al país norteamericano. Ambas fueron enviadas a Iowa, donde vivieron en orfanatos y casas de adopción. Las dos hermanas estudiaron en la Universidad de Iowa y Ana se graduó con una maestría en Arte Intermedia. Fue en esta época cuando conoció al pintor y profesor Hans Breder, con quien mantuvo una relación sentimental y fue él quien le puso en contacto con las corrientes vanguardistas que tanto influirían en su posterior trabajo. Ante la imposibilidad de viajar a Cuba por las tensiones que en esos momentos se vivía entre Estados Unidos y su país natal, Ana Mendieta encontró en sus viajes a México una forma de reconectar con sus orígenes latinoamericanos y comenzó a desarrollar, a partir de estos encuentros con la cultura mexicana, lo que ella misma definiría como earth-body, piezas para las que utilizaba su propio cuerpo como material de creación, pero también para reivindicar la feminidad y las cuestiones de género que desde siempre motivaron su obra.

De hecho, uno de sus primeros trabajos fue una respuesta a la violación y asesinato de la estudiante Sara Ann Otten en el campus universitario de la ciudad. Las autoridades oficiales no querían confirmar que había sido una agresión sexual y aquello indignó a Ana. En aquella ocasión, Mendieta se ató desnuda y cubierta de sangre de vaca sobre una mesa y permaneció inmóvil durante dos horas (Rape Scene, 1973). Invitó a varios estudiantes y profesores de la universidad a su apartamento para que fueran, de alguna manera, testigos del “crimen”. Varios años después, en 2014, la artista Artemisa Clark recreó el mismo escenario y durante su exposición el pasado sábado contó que, “curiosamente, la reacción de la gente era de enfado, pero no por la violencia que se ejerce contra las mujeres, sino por el hecho de tener que confrontarse personalmente a esa violencia representada”. El interés de Clark por el trabajo de Ana Mendieta surgió a partir del conocimiento de su muerte, una muerte que aún hoy sigue despertando suspicacias e incluso hay quien ve en su obra una especie de presagio de su trágico destino. La artista cubano-americana, que el próximo 18 de noviembre hubiera cumplido 68 años, perdió la vida tras caer el 8 de septiembre de 1985 desde el 34º piso de su apartamento en el neoyorquino Greenwich Village, donde vivía con su marido, el legendario escultor Carl Andre. Las extrañas circunstancias en las que se produjo el accidente llevó a Andre a los juzgados, pero fue absuelto de cualquier tipo de responsabilidad.

En la década de los 70, de gran actividad feminista en Estados Unidos, la sangre se convirtió en un potente recurso femenino –y feminista- en el arte. Además de la escena de violación, la artista cubana le propuso a su hermana manchar una de las calles de Iowa City para observar la reacción de la gente (People Looking At Blood, Moffit, 1973), recordó Sauers durante su lectura, y fue el material principal de su serie Body Tracks (1982), en la que Mendieta se embadurnó manos y antebrazos para dejar huellas sangrientas en la pared.

La sangre fue una constante en sus manifestaciones artísticas como expresión de violencia, pero también del impulso vital: “Mi arte se basa en la creencia de que existe una energía universal que fluye en todo”, escribió
Mendieta a principios de los 80’s, “desde el insecto al hombre, del hombre al espectro, del espectro a la planta, de la planta a la galaxia”.

En 1981, Mendieta regresó a Cuba por primera vez después de veinte años de exilio en Estados Unidos. Su deseo de “reconectar con sus raíces, retornar al origen” iba a quedar plasmado en un proyecto de esculturas rupestres en Las Escaleras de Jaruco, un parque nacional a las afueras de La Habana, explicó la profesora Adriana Méndez Ródenas. Su intención, según la investigación que Méndez desarrolla en colaboración con Aurora de Armendi, Mythologies of Return: Revisiting Ana Mendieta’s Rupestrian Sculptures, era recrear a las divinidades prehispánicas del pueblo taíno (Iyare, Maroya, Guanaroca, Bacayú), concediéndole una mayor prevalencia a la feminidad de esas deidades. Este trabajo, que quedó interrumpido por su trágica muerte, representa también la fascinante complejidad de la artista ya que, en palabras de Méndez, no sólo son una muestra de la conexión de Mendieta con la espiritualidad de sus ancestros sino que, además, supo convertirlo en una de sus muchas reivindicaciones sobre la sexualidad femenina.

Una reivindicación que sigue siendo necesaria y que respondería a la pregunta que se formulaba al principio del texto: ¿Dónde está Ana Mendieta? En un mundo donde se violan y se asesinan mujeres con casi total impunidad, donde en los campus universitarios se cometen asaltos sexuales cada semana, donde la urgencia de gritar “Ni una menos” es casi diaria, es importante reivindicar y encontrar a mujeres como esta artista cubana. Y sobre todo hablar de ellas.