Dice Manuel Vilas (Barbastro, Huesca, 1962) que si la vida fuera perfecta, los poemas de su libro Gran Vilas (Visor, 2012) hubieran sido muy diferentes. Entonces, cuando la vida es imperfecta, se deduce, lo mejor que puede hacer uno es reírse de ella. O con ella. Porque eso es lo que hace Manuel Vilas en este poemario y lo hace sin esconderse, utilizando su propia identidad porque, como él mismo defiende, “para qué crear un personaje de ficción cuando uno se tiene a sí mismo”. El pasado martes, el escritor aragonés presentó en Iowa City la versión inglesa de esta colección de poemas, traducidos por Pablo Rodríguez Balbontín y Willian F. Blair y reunidos en Great Vilas (Song Bridge Press, 2016).

Manuel Vilas, en un momento de la lectura.

Manuel Vilas, en un momento de la lectura.

La lectura, que tuvo lugar en la librería Prairie Lights, comenzó con el poema titulado ‘Amor’, leído en sus dos versiones, inglesa y española. En él se cuenta la historia del día en el que el Gran Vilas decidió “ser un santo espectacular”, “San Vilas”, y caminó por las calles de Zaragoza con ese ánimo dadivoso que sólo tienen los santos, repartiendo todo su dinero entre las personas que consideraba más necesitadas. Y con esto, el Gran Vilas era tan feliz que apenas podía contener la risa, y las puertas del cielo comenzaron a abrirse, y todo ardía, y Vilas se sintió el hombre más enamorado de sus semejantes. Es más, “nunca se vio un hombre tan enamorado” en la tierra.

Antes de continuar, una aclaración. Porque es posible que alguien no entienda (o no recuerde) la broma del universo Vilas que se genera en torno a esta obra, especialmente si se pierde la referencia del sarcasmo y la sátira que acompaña a la mayoría de sus versos. Es posible, también, que se confunda con arrogancia lo que pretende ser un juego, una manera de situarse en medio de una realidad que en muchas ocasiones puede resultar más absurda que lo que pudiera ser la ficción. La propuesta, aclaró Manuel Vilas, es la exploración, el análisis y la crítica de temas sociales y culturales con los que cualquier lector occidental se va a sentir identificado. Y es, como decíamos al principio, una crítica con nombre propio. En literatura, añadió, “la sencillez funciona siempre. Por eso me pareció una buena idea jugar con mi apellido. No es una cuestión de vanidad, era lo más directo, lo más sencillo”.

Pero también Gran Vilas, con el que ganó el XXXIII Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla, responde a un deseo de reivindicar la identidad, el origen, “un apellido que pertenece a una familia media de España”. Quizás por eso, en la presentación de Great Vilas se incluyó, justo después de unas ‘Oraciones’, un momento para el recuerdo, con el poema ‘Retrato’, ‘Portrait’ en inglés, que el escritor dedicó a su padre, quien volvió a aparecer en ‘Balconing’, una peligrosa práctica de los turistas ingleses en España que el Gran Vilas imita para recordarnos que a veces somos “humanos, tan humanos”. El tono sarcástico regresó con ‘No quieren irse’, una reflexión sobre la muerte y el dinero, y en ‘Mi novia’, donde de nuevo Vilas reta al lector a plantearse los límites confusos entre realidad y ficción con los que juega en toda la obra.

El evento finalizó con un viaje a ‘Ciudad Vilas’, donde todos aquellos que la visiten encontrarán coches descapotables, McDonalds colgados del cielo, estatuas de Manuel Vilas, piscinas de oro cubiertas con diamantes, conciertos de Jimmy Hendrix todos los sábados y a un Elvis Prestley retirado a las afueras de la ciudad. Todo es amor en Ciudad Vilas, nos recordó su autor. Allí, quienes vayan tendrán segundas y terceras y cuartas oportunidades. Porque eso lo maravilloso de la literatura: “con solo una computadora uno puede crear una ciudad entera” y “podemos inventarnos y reinventarnos todas las veces que queramos. Porque no hay límites”.