El escritor bosnio Aleksandar Hemon, nacido en la ex-Yugoslavia, y su compatriota y amigo, el artista visual y fotógrafo Velibor Božović, hablaron de El proyecto Lázaro (Duomo, 2009), la segunda novela de Hemon y también el segundo proyecto que desarrollaron juntos, en una de las conversaciones más interesantes del Iowa City Book Festival. La cita se llevó a cabo la tarde del sábado 8 de octubre, en la biblioteca pública de la ciudad.

El proyecto Lázaro

Antes de detallar la experiencia de un fotógrafo, alguien que literalmente retrata la realidad, que decide trabajar con un escritor de ficción, alguien que en teoría huye de ella para explicarla con mejores recursos que los que ésta ofrece, los expositores hablaron brevemente de sus arribos a Norteamérica. Hemon llegó a Chicago en 1992, recién estallada la guerra de Bosnia y un año después de desintegrarse su país natal. Con una vocación marcada y el bagaje que le habían dado sus estudios en literatura en Sarajevo, su establecimiento en Estados Unidos se encontró con sus ansias de escribir. Con un mal dominio del inglés, siendo consciente de su contexto, se dedicó a estudiar la lengua para luego empezar a escribir y llamar la atención de revistas de renombre como The New Yorker y Esquire. En 2002, salió a la venta su primera novela, El hombre de ninguna parte (Anagrama, 2004), primer proyecto que trabajó con Velibor, quien enriqueció la narración con imágenes que éste tomó en distintas zonas de Chicago. En 2004, Hemon obtuvo la prestigiosa beca MacArthur.

El artista visual, cuyo ingreso a América fue por Canadá, había sido soldado de Bosnia y Herzegovina en la guerra, al tiempo que su padre era preso político del régimen. Como él mismo asegura en su página web, el ejército determinó el destino de ambos. Ya terminada la guerra, en 1999 se trasladó a Montreal, donde, aprovechando su experiencia militar, trabajó como ingeniero aeroespacial. Sin exponer claramente la ecuación, Velibor insinuó que, llegado a cierto momento, ya en esta parte del mundo, había hecho un inventario de las dispares y caóticas experiencias de su vida y había llegado a la conclusión de que su manera de expresarlas era a través del arte visual. Al poco tiempo de estar en Canadá, se matriculó en el MFA en “Studio Arts de la Universidad de Concordia.

Terminada la breve introducción personal de cada uno, hablaron de El proyecto Lázaro, que se basa en una historia específica que se dio en medio del brote de grupos anarquistas en Estados Unidos a principios del siglo pasado. En 1908, un joven inmigrante judío de Europa del Este fue asesinado por un policía de Chicago. El argumento del ejecutor, George Shippy, fue que aquel era un rebelde que buscaba vengar el veto que el entonces alcalde de Chicago había impuesto a la líder anarquista judía Emma Goldman, quien pensaba dar una serie de charlas en esos días en la ciudad.

Tan pronto empezaron a hablar del libro, proyectaron imágenes que documentaban los sucesos de ese día de 1908. En una de ellas, un hombre en sus veinte años, delgado, de piel blanca y de expresiones definidas, sentado en una silla de madera, miraba fríamente a los asistentes de la charla. Detrás de él, un hombre mayor, en sus cincuenta años, vestido con un sombrero de copa negro y una gabardina del mismo color, ostentando un bigote y una chibera bien cuidados, sostenía la cara de éste. Hemon aseguró que ese era el documento que mostraba al ya muerto joven Lázaro. Distintas perspectivas de la escena se sucedían las unas a las otras mientras el escritor hablaba brevemente sobre la escena insurgente de aquellos días. Distintos grupos, con distintos objetivos, aparecían en las principales ciudades de Estados Unidos, todos convergiendo en la idea de desestabilizar el orden político internacional.

Ahora bien, si ya existía el documento que ilustraba el destino que enfrentó el joven judío, así como el relato de su muerte en Norteamérica, ¿qué trama buscaba atar Hemon con la colaboración de su amigo fotógrafo?  Recrear el camino de Lázaro en Europa del Este, antes de su llegada a Estados Unidos, es la respuesta. Tal como sucede en la historia que narra la novela, el escritor y el artista visual viajaron a Rusia, desde donde aprovecharon para visitar su país natal. Como ellos mismos dijeron durante la charla, a principios de los 2000 esta región del mundo aún exhibía las tensiones de unas sociedades que salían de un sistema económico para entrar en otro y también expresaron el vacío que sintieron al llegar a la tierra que los vio nacer, y que había cambiado tanto, hasta el punto de ni siquiera conservar el nombre que ostentaba en los días de su niñez, después de los ochenta, década que ambos recordaron como una época de tranquilidad.

En Rusia, Hemon y Božović hicieron de la fotografía un recurso de la ficción con la ayuda de un chofer que los llevó en su recorrido por el país, en busca de tomas ejemplares que enriqueciesen la narración, a su vez que éstas debían alimentarse del contexto que la trama les ofrecía, como aseguró el fotógrafo. Llegados a este punto, ambos se detuvieron para resaltar los problemas que tuvieron con dicho conductor, pues éste tenía un comportamiento perturbador, conducía de manera muy agresiva y no sabía hablar inglés, detalles que les significaron un par de sustos durante el viaje. La vida del joven Lázaro, quien había nacido a finales del siglo XIX, quedó retratada y narrada en pleno siglo XXI. Puntos clave que los artistas buscaban resaltar en las fotografías: la pobreza, el bajo mundo, la discriminación antisemita de la época. Božović aseguró que trajo de vuelta a Norteamérica alrededor de 1200 imágenes.

Luego de hablar del trabajo de campo que había significado la construcción de la novela, ambos acordaron que esta extraña mezcla entre ficción, fotografía y no ficción, resultó en una síntesis: “It all happened and we all made it up”, aseguró el escritor. El fotógrafo añadió que le apasionan las relaciones que se pueden establecer entre la fotografía y la literatura, pues la primera puede proveer a la segunda de atmósferas que den vida a las palabras.

Antes de concluir, hablaron brevemente de su más reciente proyecto juntos, My Prisoner (FSG Originals, 2015), ensayo de Hemon que se basa en retratar los años de la guerra en su país, enfocándose en el encuentro que el ejército bosnio le permitió al entonces soldado Božović con su padre, prisionero de guerra. En este caso, aseguraron que cada uno trabajó con mucha independencia su respectivo campo. El artista visual, mayormente, se enriqueció con material periodístico que documentaba tal encuentro, así como la difícil década de los noventa en Bosnia y Herzegovina.

Además de El hombre de ninguna parte y El proyecto Lázaro, Hemon ha publicado recientemente en castellano la novela Cómo se hizo la guerra de los zombis (Libros del asteroide, 2016).