A propósito de la obra del poeta español Juan Almagro, el crítico y traductor Carlos Jiménez Arriba ha escrito: “una poesía a la vez despojada y barroca, una voz poética sin parangón entre nosotros. Sin renunciar a sus raíces profundas de filiación humana, con un nuevo humanismo, el poeta se sale de sí para entrar todavía más en sí y ofrecernos una mirada apocalíptica desde el mismo centro del ahora”. A continuación presentamos una muestra de su poemario en preparación, cuyo título provisional es Hablando con un salmón medio vivo:

OXÍGENO

Voy alcanzando el confín tuyo

avanzando un aliento tras otro                               

como una pequeña locomotora.

En cualquier momento seré estrechado por tu ausencia

y tendré que tomar decisiones de oxígeno

de descenso meteórico

de desenlace.

 

LENTO

Soy un lento aprendiz

que merodea por unos huesos de ballena encontrados en el desierto

vértebras pulidas por la arena

en las que me subo y soy aclamado como pez revolucionario.

Y yo pido que no me espoleen

que acabo de encontrarme con el principio de todo

y no tengo nada escrito.

 

De “El jardín de las delicias” de El Bosco.

De “El jardín de las delicias” de El Bosco.

ÁGIL

Me paro en una fuente de piedra

cara querube

que me recuerda a un hombre

que se colaba entre los niños

para lanzarse al agua el primero:

carrerilla

salto

cabeza girada hacia un lado

mano en la nuca

como quien descansara apoyado en la hierba

y chorro de agua burlón.

Mi padre

verano                                                                                               

aquel tiempo

en que el corazón era siempre ágil

 

PISCIFACTORIA

Me llamas por el cristal

zancudo que hablas

y yo te grito

burbujeador

cuando en verano

pasas nadando por encima de mí

y también ahora

desde este vendaval sin casa

en el que me haces sembrar bermellón

mientras consultas en un folleto

el número de dientes que tengo.

 

ADOBE

Cuando amo ebrio

veo en los cuerpos las mismas vetas del color del adobe

que muestra el monte

cuando lo cortan para abrir caminos.

Me siento en el borde de la cama

y miro como desde un tren

imaginando que su espalda

es una gran ladera verde

con un pequeño cementerio

y el sol

acicalando su tapia.

 

EL MEDIADOR

Llevo el doble de noches que de días

buscando un mediador que procure

tránsitos menos cárnicos

aires posibles

caras de breve clemencia.