Una sencilla llamada telefónica de Oprah Winfrey tiene el poder de convertir una novela desconocida en un bestseller instantáneo. Por eso, cuando Ayana Mathis recibió su llamada lo primero que respondió fue: “¿Eres Oprah? No, esto es una broma”. Pero no lo era. Su novela debut The Twelve Tribes of Hattie (2012) fue estampada con el sello que la certificaba como libro seleccionado por la popular presentadora, quién también la entrevistó en su programa, Book Club 2.0, en el día más importante del calendario de televisión americana, el de la Super Bowl. Así es como la novela se situó automáticamente en la lista de los libros más vendidos en Estados Unidos. A estas alturas, ya ha sido traducido a quince idiomas. En español, la editorial Salamandra lo editará próximamente. The Oprah Effect, lo llaman. O una demostración de que el sueño americano todavía goza de buena salud.

Esta noche de lunes, la escritora norteamericana nacida en Philadelphia, ha sido invitada a ofrecer una lectura en la Dey House. Mathis le debe mucho a esta casa y así lo demuestra cuando entra por la puerta, con una amplia sonrisa en el rostro. Fue durante los dos años que estudió en el Writer’s Workshop que escribió la novela con la que debutaría a los treinta y nueve años. Meses después de graduarse –y luego de la llamada de Oprah– la universidad la invitó como profesora visitante durante un semestre. Así que conoce prácticamente a todos los presentes, tanto alumnos como profesores, y eso impregna de calidez y familiaridad el aire de la lectura.

The Twelve Tribes of Hattie, título de ecos bíblicos, narra la historia de una familia que emigra del sur de Estados Unidos al norte y abarca hasta tres generaciones –Hattie, sus once hijos y un nieto–. Basada en la historia de su propia abuela, Mathis empezó escribiendo cuentos hasta que se dio cuenta de que todos los personajes formaban parte de la misma familia, y que lo que tenía entre manos era una novela. Comparada por la crítica con la Premio Nobel Toni Morrison, Mathis se siente orgullosa de enmarcar su obra en la tradición literaria que tiene a la mujer afroamericana como tema principal.

El fragmento que Mathis lee es un pasaje escrito con la voz narrativa de Franklin, un hombre demonizado por el alcohol y el juego. En el pasaje se mezclan dos relatos: el intento de reconciliación con una mujer y los recuerdos de cuando estuvo en la guerra del Vietnam. El uso de varias voces narrativas demuestra la versatilidad de una narradora que, tal como dijo Marilynne Robinson, posee una inusual madurez pese a ser una debutante.