La escritora argentina Flavia Company (Buenos Aires, 1963), afincada en Barcelona desde hace años, es una de las voces más reconocidas de la literatura tanto en castellano como en catalán. Es autora de más de una docena de novelas, entre las que destacan Dame placer (finalista del Premio Rómulo Gallegos en 1999), La isla de la última verdad (2011) y Que nadie te salve la vida (2012). Como poeta ha publicado su poema narrativo Volver antes que ir (2012) y su reciente Yo significo algo (2016). Company, cuya obra ha sido traducida a más de ocho idiomas, estará a principios de noviembre en la Southwestern University, en Georgetown (Texas), donde participará en el simposio que se celebra anualmente sobre ‘Lengua y revolución’.

La escritora Flavia Company. Por Miri Garcia.

La escritora Flavia Company. Por Miri Garcia.

Haru (Catedral, 2016) es su última novela, editada en castellano y catalán de manera simultánea, y en ella narra la historia del aprendizaje de una joven oriental. Después de 35 años escribiendo, traduciendo, publicando e impartiendo clases (en l’Escola d’Escriptura de l’Ateneu Barcelonès y en el Máster de Creación Literaria de la Universidad Pompeu Fabra), Flavia Company está convencida de que con este relato ha logrado escribir el libro que durante años ha esperado, el libro de una vida entera, un libro que, como ella misma nos recuerda, demuestra una vez más que “la literatura no tiene fronteras: ni de edad, ni de género, ni de tiempo”, que la literatura es necesaria, que “la literatura es”.  

 

“Después de leer la historia de Haru, leerás tu vida de otra manera”, nos avisan en la contraportada de tu última novela. Y la pregunta se hace irresistible: ¿Cómo lee su vida la autora, después de escribirla?

Curiosamente fue al leer la novela, y no al escribirla, cuando me di cuenta de las muchas similitudes que guardaba mi trayectoria con la de la protagonista. Y es por ello que entendí que Haru somos todos, porque cada uno de nosotros ha pasado por muchas de las vicisitudes a las que se enfrenta el personaje: el miedo, la soberbia, la rebeldía, el apego, el deseo, la mentira, la pereza, la ambición… Leer la novela me ha cambiado la vida, en efecto. Han ocurrido cosas que, de otro modo, jamás habrían tenido lugar o habrían tardado mucho más en llegar. Es como si Haru hubiese abierto puertas que permanecían cerradas.

 

Tus lectores suelen compartir contigo en las redes las experiencias que tus libros les proporcionan, pero con Haru ha sido realmente sorprendente el número de anécdotas y vivencias. Incluso se ha creado una Comunidad Haru. La pregunta es quizás un poco evidente, pero, ¿qué sientes cuando recibes tantísimas reacciones positivas?

Esa profusión de preciosos mensajes corroboran la idea que ya previamente tenía alrededor de esta novela, y es que, de algún modo, he escrito yo un texto de todos, me he encargado de llevar a cabo una tarea que de un modo misterioso es colectiva. Difícil de explicar, lo sé, pero esa es la sensación. Como si en el mundo hubiese flotado una pregunta, “a ver, ¿quién se encarga de escribir Haru?”, y yo hubiese levantado la mano para ofrecerme como voluntaria. Las cartas que recibo de lectores y lectoras son (a posteriori si tomamos el tiempo en sentido lineal pero no si lo pensamos de manera circular) el permiso para que lo haga.

 

“Haru somos todos”, insistes, y así te lo confirman tus lectores. ¿Es quizá ése el mayor logro de un escritor/escritora? ¿Conseguir llegar a todos de una manera tan universal? ¿Conseguir que el lector se pare y reflexione sobre su propia vida a partir de la historia narrada?

Cuando el escritor/escritora desaparece del texto ocurre algo casi milagroso: es como si el texto se hubiese escrito a sí mismo. Para desaparecer del texto hay que practicar mucho, de manera constante, concentrarse en esa posibilidad, creer en ella y no desfallecer en el intento. Como quien tira con arco y acaba fundiéndose por fin con el arco, la flecha, la diana y el aire que transporta el tiro. Entonces la literatura no tiene fronteras: ni de edad, ni de género, ni de tiempo. Es necesaria. Es.

 

En alguna ocasión, has dicho que esta novela ha llegado justo en el momento en que la necesitabas y pienso: si la literatura es un proceso continuo de aprendizaje y las obras, parte del resultado de ese aprendizaje, ¿en qué parte de ese proceso surge Haru?

Haru me llega en el momento en que por fin me siento capaz de afrontar el gran reto literario de escribir la historia de una vida entera. He esperado pacientemente hasta que he sentido que era posible.

 

¿Cómo nació en ti el interés por la filosofía oriental y el impulso de compartirlo en una novela?

En realidad no es que me haya interesado específicamente la filosofía oriental sino, más bien, que mi entrega a la disciplina, a la concentración, a la fe en las artes, a la disolución del ego para que dar lugar a la creación, finalmente tienen una gran base teórica en la filosofía, no solo oriental. Es un sistema de pensamiento que se ocupa del ser más que del tener, de observar más que juzgar, de abrir más que de cerrar. Haru se ambienta en Oriente, pero sus verdades son universales, no localizadas. Muchas personas en el mundo comparten esos principios y valores.

 

Esta pregunta también te la habrán hecho un millón de veces: ¿por qué una protagonista japonesa y no una protagonista occidental que se deja influir por esas enseñanzas orientales?  

Más que japonesa, oriental. La novela se sitúa en un lugar oriental imaginario. Si me lo permites, voy a contestar con otra pregunta: ¿Por qué nadie me ha preguntado nunca la razón de que el protagonista de mi novela La isla de la última verdad sea hombre en vez de mujer, y sea neoyorquino en vez de europeo? Si Haru somos todos, todos somos orientales y occidentales. Todos somos uno y uno somos todos. No hay mejor razón ni más fundamentada.

 

Los maestros del dojo le plantean en un momento de la novela a Haru y sus compañeros el ejercicio de visualizar al animal con el que se identifican porque, dicen, uno debe conocer su naturaleza para poder avanzar. ¿Has podido visualizar a tu animal? ¿Con qué animal se identifica Flavia Company?

Con un gorrión.

 

Realmente, en cada párrafo se encuentra uno con frases de una contundencia aplastante y te confieso una de mis favoritas: “Es la prueba final: formar parte del mundo sin perderse”. Difícil a veces, ¿no?

Si tu centro es genuino, acaso te perderás para regresar a tu centro, reconocerlo y valorarlo. Por eso es tan importante conocerse y elegir. Elegir es el compromiso, es lo único que permite abarcar lo que importa y darle significado.

 

Haru es una de esas novelas, o así lo siento, que exigen tener al lado una libreta para ir guardando cada una de las frases inspiradoras. Casi podría decirse que uno reescribe la novela adaptándola a su propia vida. Sin embargo, tengo la sensación de que la mayoría de los lectores nos sentimos aludidos con las mismas frases. ¿Es sólo una sensación o será que en el fondo somos más parecidos de lo que pensamos y compartimos más miedos e inseguridades de lo que creemos?  

Sin duda somos parecidos, porque en realidad somos lo mismo. Esa es la gran cuestión: saber que eres el otro y lo otro. Lo que dices respecto a la reescritura de Haru, me parece hermoso y creo que sí es posible que cada lector o lectora cree su propio mapa, su propio camino, su propia lectura. Porque eso sí es distinto: el camino que trazamos. Y ese camino depende de cuánto nos conozcamos, de cuánto nos atrevamos a adentrarnos en nosotros mismos.

 

La edición de Haru también ha sido muy especial y me he acordado del I Ching, el milenario libro oracular chino, que exige un respeto hacia el objeto cuando se realiza la consulta: el libro como continente material de sabiduría. 

La elección es consciente, sí. Se trataba de crear un objeto que envejezca, no que se estropee. Un objeto único en cada caso: cada libro tiene las páginas cortadas a su modo, con su dibujo. Cada Haru es un Haru distinto: el tuyo. Espero que las traducciones puedan respetar esa posibilidad.

 

¿Cuántas Harus necesitaremos para comprender la importancia del aquí y ahora?

Hemos en efecto malinterpretado la idea del gozo de la vida. El gran problema es conseguir estar en el presente, algo que se consigue sólo si se ha trabajado la relación con el pasado para aprender de él si arrastrarlo y si se comprende que la idea de futuro es una quimera que en muchos casos, o en todos, se emplea tan solo para adornar o soportar lo que no nos gusta aquí y ahora. Ser es ser ahora. Antes no se es. Después no se es.

 

Yo significo algo (2016) es el complemento poético a Haru o, como has dicho en alguna ocasión, su esqueleto. ¿Hay pensamientos que sólo puede expresar el yo poético?

Se trata del esqueleto de Haru, sí. Esqueleto o mapa. Código de lectura. Síntesis absoluta. Esencia sin ficción, sin narrativa. Otro modo de decir: igualmente musical, eso sí.

 

¿Por qué una primera tirada de 99 ejemplares?

Se hizo una primera publicación antes de llegar a librerías de 99 ejemplares numerados y firmados, pero la tirada es mucho mayor, afortunadamente, y ya puede conseguirse con normalidad en las librerías. Yo significo algo es también un libro editado de un modo especial y a los editores y a mí nos pareció que una primera entrega de ejemplares numerados era adecuada. 99 porque el número 9 es mi número mágico. Y 9 más 9 suma 18 y 8 más 1 de nuevo 9.

 

La publicación de Haru en español y en catalán fue simultánea. ¿Cómo lo haces? ¡A veces te imagino escribiendo en una lengua con cada mano!

Jajaja, casi una lengua con cada mano, sí, en verdad. Fue absolutamente simultánea la publicación. El proceso de escritura de esta novela ha sido tan particular en tantos sentidos que incluso en ese aspecto es particular: trabajé con las dos lenguas desde el comienzo.

 

El bilingüismo de muchos autores catalanes se ha convertido en ocasiones en un dilema a la hora de escoger su lengua de producción literaria. ¿Cómo vives tú ese dilema? ¿Cuál crees que es el reto del bilingüismo en España?

No lo vivo como un dilema. Me parece enriquecedor y  a la vez irrenunciable.

 

Barcelona fue declarada el año pasado Ciudad de la Literatura de la UNESCO. ¿Sientes que ese nuevo título ha beneficiado de alguna forma al movimiento literario de la ciudad o todo sigue como siempre?

Será que mi reino no es de este mundo, pero ciertamente y a pesar de que me parece magnífico que así sea, no he notado nada en particular. No creo por otra parte que el numeroso grupo de turistas que cada día visita esta ciudad lo haga porque se trate de una ciudad literaria. ¿O sí?

 

¿Que Hacienda bloqueara el Premio Cervantes y otras ayudas a la creación se puede considerar significativo del lugar que ocupa la cultura en la agenda política española?

Del lugar que NO ocupa, más bien.

 

Tu perfil de Twitter dice: “Author, among other novels, of The Island of last truth (Europa Editions, NY), Donne-moi du plaisir (Ed. Flammarion) and #Haru (Ed. Catedral). ¿Por qué en inglés? ¿Cómo de importante o necesario es para un escritor actual entrar en el mercado editorial angloparlante?

¿Lingua franca? La publicación en inglés es muchas veces el modo de llegar a otros pequeños, pero interesantes mercados que trabajan básicamente con traducciones a partir de esa lengua, hayan sido o no escritos originalmente en inglés.

 

Además de Twitter, también tienes un perfil en Facebook y escribes en un blog. ¿El escritor del siglo XXI tiene que saber conectar con sus lectores en las redes sociales?

Lo hago porque me encanta estar en contacto con mis lectores y lectoras. Es mi regalo, mi compensación. Esos mensajes, esas lecturas, esa comunicación. Si no disfrutara, no lo haría.

 

Poeta, narradora, ensayista, profesora, traductora, capitana de barco, pianista (e imagino que no conocemos ni a la mitad de Flavia Company)… Resulta difícil imaginarte inactiva así que tengo mucha curiosidad: ¿qué nuevo proyecto tramas?  

En estos momentos estoy viviendo “aquí y ahora”, observando el presente, viajando, dándome espacio para ser capaz de acometer mi nuevo proyecto, una historia ambientada en la Viena del siglo XVIII.