La primera vez que la escritora escocesa Margot Livesey asistió al Iowa Writers’ Workshop como profesora invitada, sintió una atracción inexplicable por unas frases en alemán que alguien había escrito en un túnel cerca del edificio donde entonces se impartían las clases del programa. Durante días, trató de encontrar a alguien que la ayudara a descifrar el misterio y, cuando por fin logró que se las tradujeran, descubrió que pertenecían al poema ‘Herbsttag’ (‘Día de otoño’), de Rainer María Rilke. “Durante un tiempo, sentí que ese poema estaba escrito para mí”, explicó. Los años −ahora forma parte del profesorado permanente del prestigioso programa de escritura creativa− han hecho cambiar a Livesey de opinión: “en Iowa City no sólo tengo ahora una casa, sino un hogar”. Con la melancolía de los versos de Día de otoño, la escritora comenzó ayer, miércoles 28, la lectura-presentación de su última novela: Mercury, en la librería Prairie Lights.

Margot Livesey leyó algunos fragmentos de su última novela, Mercury.

Margot Livesey leyó algunos fragmentos de su última novela, Mercury.

Antes de nada, una disculpa, pidió la autora a una audiencia que se repartía por toda la sala, los más puntuales sentados en sillas, otros de pies y algunos pocos sentados en cualquier hueco que quedara disponible en el suelo: “Cuando empecé a escribir esta novela, en 2012, la constelación política de este país era muy diferente. No creo que ahora utilizaría ese nombre para el protagonista”. Risas. La mayoría ya sabía que el narrador de la que es la octava novela de Livesey se llama Donald.

La novela, según nos fue desvelando la escritora con su suavizado, y que algunos consideramos magnífico, acento céltico, se sitúa en Boston, donde ella también vive parte del año. Donald, un optometrista escocés reside con su esposa Viv y sus dos hijos, de 8 y 10 años, en uno de los suburbios de la ciudad. Desde un principio advertimos las inseguridades que la ascendencia británica le inflige a Donald y cómo éste se culpa de su crisis matrimonial, precipitada por la aparición de Mercury, un hermoso caballo tordo de cinco años del que Viv queda prendada.

¿Por qué las infidelidades tienen que ser siempre físicas?, se cuestionará la autora durante el turno de preguntas. Existen matrimonios que, con el paso de los años, ya no tienen nada en común, que sus diferencias son tan grandes que casi podría decirse que se han estado engañando durante años. Livesey quiso indagar en ese sentimiento después de conocer la historia de un amigo cuya esposa, “de izquierdas de toda la vida”, como él, se había vuelto cada vez más y más conservadora e incluso había comprado un arma.

Cuando Mercury aparece en sus vidas, nos cuenta, “se abre un abismo” entre la pareja. Viv, a la que Donald considera una mujer impulsiva (“había nacido diciendo sí” mientras él lo había hecho diciendo “ya veré”), recupera con el animal las vigorosas ilusiones de su juventud de convertirse en una poderosa amazona, ganadora de campeonatos. Él se siente culpable por no sentir la misma pasión que su mujer por los equinos y trata de, al menos, “ser un buen oyente”. Su frustración es aún mayor cuando descubre que no sabe siquiera prestarle atención, que no sabe verla. Enredado en “la necesidad de sentir que es una buena persona”, especialmente tras la muerte de su padre, se cuestiona a lo largo de la novela si no será su origen escocés el responsable de su naturaleza distante.

Ese sentimiento de extrañeza en el país ajeno es algo que había inquietado a la novelista desde que, en 2009, un artículo que había escrito para el Boston Globe sobre el acceso a las armas provocó la indignación de algunos centenares de escritores que la llamaron para recordarle y, de alguna manera, reprocharle su condición de inmigrante. Junto a esa sensación, la historia de sus amigos de izquierdas y una perenne curiosidad por los ojos y su funcionamiento: “cómo vemos, el hecho de que vemos con el cerebro, cómo podemos manipular nuestra visión…”, pusieron en ignición el cerebro de Livesey y, como resultado, cuatro años después, podemos encontrar Mercury en las librerías. No sabemos si está prevista la traducción al español, pero sí que hay, al menos, dos novelas anteriores de Margot Livesey traducidas y publicadas por Alfaguara: Criminales (2001-11) y Un mundo de olvido (2002).

Livesey también es autora de las novelas The Flight of Gemma HardyThe House on Fortune StreetBanishing VeronaEva Moves the FurnitureThe Missing WorldCriminals, y Homework. Su trabajo ha aparecido en el New Yorker, Vogue y en Atlantic, y ha sido galardonada con el National Endowment for the Arts y la beca de la Guggenheim FoundationCon The House on Fortune Street ganó el 2009 el L. L. Winship/PEN New England Award.