El escritor salvadoreño Miguel Huezo Mixco (1954) desarrolla en su libro Expedicionarios. Una poética de la aventura perfiles de siete escritores cuya osadía marcó sus vidas. Estos ensayos fueron publicados entre 1997 y 2011 en distintos medios hispanoamericanos, como las revistas Letras Libres, Elmalpensante, Frontera D, entre otras.  

Miguel Huezo Mixco. Expedicionarios. Una poética de la aventura: Laberinto Editorial,  San Salvador, 2016. 138 pgs.

Miguel Huezo Mixco. Expedicionarios.
Una poética de la aventura:
Laberinto Editorial,
San Salvador, 2016. 138 pgs.

La Europa de los primeros tres cuartos del siglo XX une a cinco de los escritores tratados por el autor. La compilación abre con «Ítalo Calvino. Las cartas del azar». Este perfil del italiano fue construido a partir de la correspondencia que mantuvo, como editor de Einaudi, con escritores que aspiraban a publicar en la editorial o con aquellos que ya tenían proyectos de edición en proceso. En él se ve a un hombre que consagró su profesión a su deber patriota. De allí se puede comprender el tono irónico, riguroso, severo, crítico, incluso pasional, de algunos de los fragmentos de las cartas que entraron al ensayo. Después de combatir a los alemanes desde la Resistencia, la lucha de Calvino por su Italia herida intelectual y moralmente por el fascismo fue a través de la consolidación de un legado cultural robusto. 

«René Char. En las habitaciones de Orión» es el segundo ensayo. Las conversaciones que el poeta mantuvo con su amigo Jean Pénard, quien las transcribió para luego hacer una selección que conformaría el libro Encuentros con René Char, son la fuente a la que Huezo Mixco se remitió, principalmente, para develar las complejidades del francés. Su lucha en La Resistencia Francesa, su decisión de alejarse estéticamente del sendero surrealista al que se había adherido en el período entreguerras, y el grupo intelectual del que se rodeó, revelan al hombre caracterizado por un sólido sentido de la autodeterminación, que “es más fácil escuchar y admirar que llegar a querer” (pg. 38), según Pénard. 

El tercer ensayo, «Ernest Jünger. Del mundo del fuego», se refiere a la figura del prosista alemán, empañada por el nazismo. Con base en su experiencia en la Primera Guerra Mundial, impresiona la imagen que se proyecta del joven Jünger, un nacionalista que ve en la guerra un asunto romántico. Sin embargo, el salvadoreño demuestra que el escritor se apartó de esta visión cuando los fanatismos ya vaticinaban los efectos de la Alemania nazi. Desde su posición como escritor, rechazó al nazismo en cuanto pudo hasta el momento en el que fue enlistado en el ejército. Asumir un uniforme que no le correspondía, con todas las implicaciones subsecuentes, fue la aventura de Ernest Jünger.  

La Unión Soviética sirve de escenario para «Joseph Brodsky. Un hombre con una pluma». El ensayo proyecta la perspectiva del poeta ruso sobre su contexto nacional, basado, en gran medida, en las largas charlas que éste mantuvo con su compatriota Solomon Volkov, las que luego fueron publicadas bajo el título Conversations with Joseph Brodsky. Al haber crecido en un ambiente rígido y limitado culturalmente, consecuencia del totalitarismo político, no sorprende que Brodsky haya visto en la construcción de una identidad estética genuina el más revolucionario de los actos. La belleza, en Brodsky, no es una cualidad sino una acción. Adicionalmente, a través del texto se investigan dos elementos fundamentales del exilio del poeta ruso en Estados Unidos: su decisión de escribir en inglés y su posición ante las traducciones, dado que sus textos estuvieron vetados en Rusia durante gran parte de su vida.  

El salto a Latinoamérica se hace mediante «Toño Salazar. Expedicionario del siglo XX». Además de ser compatriota del autor, el hecho de que se dedicara a la caricatura también lo separa de los primeros cuatro nombres. Nómada incansable desde sus veinte años, Salazar poseía un talento que le permitió enriquecerse de las atmósferas artísticas presentes en las grandes ciudades en las que residió. Salazar se relacionó con Diego Rivera en el D.F., entró al círculo de los latinoamericanos afrancesados en París, cuya figura central era Gabriela Mistral, y sus obras fueron elogiadas por Julio Cortázar en Buenos Aires 

Con «Roque Dalton. Un corazón aventurero», el autor se mantiene en su país de origen. En el poeta salvadoreño se aprecia una vida cuyas convicciones políticas y sociales determinaron sus momentos y contratiempos. Se involucró en partidos u organizaciones comunistas de cada país en el que vivió: República Checa, Cuba, El Salvador. A partir de que no comulgara con la creciente presencia del gobierno cubano en la vida cultural de la isla, dejó su puesto en la revista Casa de las Américas y asumió, en 1973, su verdadero llamado: entrar a la lucha armada en El Salvador. En circunstancias que no son del todo claras, entró al grupo guerrillero ERP y adoptó el seudónimo Dreyfuss. Un año y medio más tarde, Dalton murió asesinado por sus propios compañeros en condiciones controvertidas. Su caso aún sigue abierto. Encarnó su verso: “La política se hace jugándose la vida o mejor no se habla de ella” (pg. 110). 

«Roberto Bolaño. En el jardín de la guerra florida» es el último ensayo de Expedicionarios. El texto gira en torno a las tres ocasiones en las que el chileno se embarcó en la vía Panamericana. En la última de ellas, Bolaño fue uno del “millón de chilenos que huyeron de Pinochet” (pg. 126). El viaje de vuelta a México, donde había vivido con su familia desde la adolescencia, representa una leyenda para El Salvador: un posible encuentro entre Bolaño y Dalton, quien apenas volvía de Cuba. El salvadoreño Manuel Sorto, amigo de juventud de Bolaño, es la principal fuente para documentar los días de éste en San Salvador. Tal encuentro, según las declaraciones, no tuvo lugar. Sin embargo, el texto es una referencia de la América Latina del tercer cuarto del siglo pasado: dos escritores reaccionando a la polaridad y a la violencia de sus países.  

El arte como proceso de ratificación del individuo y la sociedad, por un lado, y la aventura, valga la redundancia, por el otro, son los dos pilares que sostienen los siete escritos de Expedicionarios. Cada uno de ellos representa una cara del prisma a través del cual el autor puede ver su propia vida. A la palabra “aventura” se la debe desnudar de su connotación épica al abordar el libro, pues aparece como el reflejo de la convicción de un individuo ante sus circunstancias. El mismo autor es material suficiente para representar un caso de Expedicionarios: participó durante quince años en la guerra salvadoreña desde el grupo guerrillero FMLN y, una vez firmada la paz, reasumió su oficio de escritor, conservando la preocupación que lo condujo a la guerra: El Salvador.   

 

 



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Las visiones opuestas de Malva Flores