Los poemas de Violeta Gil que ahora presentamos incursionan en lo autobiográfico, en la exploración de los hechos que moldean la identidad del poeta, en las heridas y los descubrimientos que nutren la creación poética. Muestra de un libro en preparación, incisivos, escritos con un lenguaje galopante, estos poemas no son ajenos a la experiencia de Violeta Gil en el ámbito del monólogo dramático.

 

una respuesta

 

es imposible que recuerde

cómo puede ser el origen tan oscuro

no hay pistas

ni un libro en el que pueda entender

qué estaba pasando

 

bajé a la calle fui corriendo a la librería quería comprar el libro de valérie mjrén antes de que cerraran quería leerlo cuanto antes en un artículo decían que valérie trataba de poner orden en su vida y tener conversaciones con su madre que se había suicidado cuando ella era adolescente el libro habla del día en que alcanzó en edad a su madre y de que imaginaba que todos los que estábamos en esa situación pasábamos por algo parecido claro me acuerdo perfectamente de ese momento del año anterior y del anterior años que significaron crecer enfrentarme conmigo con mi familia y con la idea de que nunca podríamos encontrarnos porque yo ahora tenía su edad y un padre y una hija no pueden tener nunca la misma edad eso es imposible.

 

Foto: Mario Zamora

Foto: Mario Zamora

 

Ángela otra vez

hace tiempo que dejé de besar chicos

durante años creí que debía hacerlo

chicos rubios

como el protagonista de “mi chica”

niños, adolescentes, chicos, hombres

besé a todos los chicos que pude

sin pasión pero con fuerza

con determinación y con mucha saliva

 

el otro día besé a Ángela

anoche nos volvimos a acostar

y me acordé de mi primer beso

mi primer beso fue con una chica

una chica de mi propia familia

y me acordé de lo que pensaba 

cada noche al acostarme

rezaba y me repetía

yo también soy una chica–

debajo de las sábanas

todo se veía distinto

la luz era naranja y mis piernas no

paraban de crecer

yo también soy una chica–

y no era eso lo que importaba

debajo de las sábanas 

mis extremidades indefensas

los ojos entornados

 

no podía, no debía

 

no si dios me miraba

 

Cine

 

disparan a los caballos, ¿no es así?

 

la ventana estaba abierta y entraba el último sol 

necesitaba fuerzas, dormí unas horas

como los que trabajan de noche

sola

todo esa noche

lo hice sola

 

         (alguien podría pensar que me preparaba para una batalla

          pero me preparaba para bailar)

 

durante horas

mi cuerpo tomó formas inesperadas

yo misma no lo reconocía

           –mira cómo tuerzo el esternón

 

¿quién nos puso allí?

¿era una foto?

¿vienes conmigo a casa?

¿nos vamos a quedar?

 

alguien me sacó a bailar

alguien me ofreció drogas

alguien me pidió silencio 

 

mantuvimos el fuego encendido toda la noche

 

vi que era casi de día

que seguía sintiéndome sola

y tendré que decir, ahora no ¿ya no?

porque todas las cosas importantes 

de los tres últimos años

ocurrieron por esa noche

todas las cosas importantes 

de los tres últimos años

ocurrieron porque estaba sola

todas las personas importantes

de los tres últimos años

estuvieron allí

algunas no lo saben todavía 

quise parar

quise quedarme

quise beber

quise besar

al hombre que meses después vi en un bar con su hijo 

recién nacido

y una cara más triste aún

que cuando le conocí

que cuando le prometí que había alguien que me cuidaba

era mentira

 

mantuvimos el fuego encendido toda la noche

 

me quité el pañuelo del cuello

me quité los zapatos

me quité los calcetines

me solté el pelo

 

un chico de apellido ruso, Serkin en el remitente 

averiguó mi nombre

me envió un email después de unos días

me decía que no podía olvidar el momento en que me vio 

dando volteretas laterales

toda la noche 

como en el circo–, me decía

 

mantuvimos el fuego encendido toda la noche

 

a las doce de la mañana cogí un taxi

cuando llegué a casa supe que si quería

la próxima vez habría alguien

¿a quien le importara?

 

aunque él aún no tenía modo de saberlo