La Feria del Libro de Bogotá (FILBo) se ha posicionado como una de las tres más importantes entre los países de habla hispana. En 2015, año en el que se le hizo honor al fallecido Nobel colombiano Gabriel García Márquez, la FILBo tuvo un récord de 520.000 asistentes y contó con la participación de más de 170 autores internacionales.

En 2016, Holanda es el país invitado de honor y hará presencia con autores contemporáneos entre los que se sobresale el novelista, poeta y periodista Cees Nooteboom. La mayor expectativa de la vigésimo novena edición de la feria, sin embargo, son las actividades y conversaciones en torno al tema de la paz y la participación de la Nobel de literatura Svetlana Alexievich.

La feria se realizará entre el 19 de abril y el 2 de mayo.

Con motivo de este evento, entrevistamos al escritor Giuseppe Caputo, director de Contenidos Culturales de la FILBo. Graduado de las maestrías de Escritura Creativa en Español de las universidades de New York y Iowa, es colaborador de medios colombianos como el periódico El Tiempo y revista Arcadia. A continuación presentamos fragmentos de nuestra conversación.

Sobre la feria

Giuseppe Caputo. ©Foto: Catalina Salazar Villegas.

Giuseppe Caputo. ©Foto: Catalina Salazar Villegas.

La FILBo es, entre otras cosas, una gran librería con una enorme programación académica: hay más de 1,500 eventos culturales en dos semanas.  El público lector tiene, pues, durante los días de la feria la oportunidad de conocer a sus autores favoritos, de escucharlos y de descubrir a otros muchos. También quisiera mencionar que, desde hace cinco años, la Feria Internacional del Libro de Bogotá viene preparando para su público una serie de charlas que desde el momento mismo en el que son pensadas, pretenden ofrecer a los asistentes una de las grandes posibilidades que contiene la lectura: la de tener un diálogo afectivo con el mundo, a veces tranquilo, a veces desafiante, que da pie para repensarnos y repensar nuestro lugar en él. No es gratuito, pues, que el nombre de estas charlas sea “Conversaciones que le cambiarán la vida”.   

En cuanto a la pregunta de cómo atraemos a los no lectores, sería eterno responder (y la feria se nos vino encima, muchas cosas que hacer), pero me remito a una iniciativa concreta: las franjas que tienen un pie en la literatura y otro pie en una disciplina u oficio distinto. Por ejemplo, la franja “Libros para comer”, en la que autores y chefs ofrecen demostraciones de sus recetas a los visitantes de la feria, y la franja “¡Que viva la música!”, en la que convergen artistas que escriben y hacen música. Todas estas actividades parten de los libros y desembocan en la lectura, pero tienen la posibilidad de atraer a no lectores.

Invitado de honor: Holanda

La princesa holandesa Laurentien van Oranje dará el discurso inaugural de la Feria.

El cariño y el rigor con el que Holanda ha participado en la FILBo es realmente impresionante: a ellos les debemos, entre muchas otras cosas, la presencia de una invitada muy especial: Ana Frank –jovencísima escritora fallecida en el campo de concentración de Bergen-Belsen en 1945, quizás el gran símbolo mundial de lo que hace la guerra a la infancia–. Gracias a la exposición “Que me dejen ser yo misma” que traerá Holanda a la FILBo, nos gusta pensar que ella, Ana Frank, será la invitada de honor de esta feria. Nanette Blitz, quien fue compañera de Ana Frank en el colegio y luego en el campo de concentración, presentará durante la feria su libro “Sobreviví al Holocausto”.

También nos acompañan grandes nombres de la literatura holandesa contemporánea –Cees Nooteboom, Tommy Wieringa, Herman Koch– así como grandes nombres del diseño y la arquitectura: Irma Boom, una de las diseñadoras gráficas más importantes del mundo, y Jacob van Rijs, quien está a la cabeza de la firma de diseño MVRDV (encargados del diseño del pabellón de Holanda en la FILBo).

La Premio Nobel presente

La escritora Svetlana Alexiévich, Premio Nobel de Literatura 2015, participará en tres eventos. Ella conoce la guerra –se interesa, de hecho, no por la guerra sino por el ser humano en la guerra– y creo que su presencia en Colombia en este momento que podría ser histórico, cuando la posibilidad de un nuevo país ha sido anunciada de una manera tan concreta, habla por sí sola.

Los autores latinoamericanos

Más de 100 autores colombianos como Fernando Vallejo, Laura Restrepo, Piedad Bonnett, Darío Jaramillo Agudelo, Juan Gabriel Vásquez, Carolina Sanín, Juan Álvarez, Juan Cárdenas, Margarita García Robayo… Los argentinos César Aira, Sergio Chejfec y Maitena (por primera vez en Colombia); el gran Abilio Estévez, cubano; el costarricense Carlos Fonseca; las brasileras Ana María Machado y Marina Colasanti; los venezolanos Alberto Barrera Tyszka y Natasha Tiniacos; el mexicano Julián Herbet; los chilenos Claudio Romo, Rodrigo Elgueta y Gianfranco Rolleri. Un invitado especial es el poeta español Luis Muñoz, profesor del programa de Escritura Creativa en Español de la Universidad de Iowa.

 La feria y la paz

Cada año, la franja central de la feria, que se llama “Conversaciones que le cambiarán la vida”, tienen un enfoque específico. Y cada año, la decisión de ese enfoque es sometida a múltiples debates. No fue el caso en esta ocasión: desde que el Gobierno y las Farc anunciaron en septiembre de 2015 la firma de la paz, la Feria Internacional del Libro de Bogotá decidió hablarle a esa posibilidad de un nuevo país.

Más que una feria que se instala en la esperanza, ésta será una feria que reconoce los retos y desafíos que debemos enfrentar colectivamente. Por eso, en esta vigesimonovena edición de la FILBo, las “Conversaciones que le cambiarán la vida” tienen por título “Fin y principio: a propósito de la paz”. Nos hemos inspirado en el poema de la Nobel polaca Wislawa Szymborska que se titula de esa forma y empieza así: “Después de cada guerra alguien tiene que limpiar. No se van a ordenar solas las cosas, digo yo”.

Esta feria reconoce que el camino hacia la paz no solo es largo sino que está lleno de disensos. Y es eso justamente lo que queremos abrazar: el disenso, pero un disenso en paz. Desde ya los invitamos a Corferias entre el 19 de abril y el 2 de mayo. Estas conversaciones son para ustedes. Queremos que las escuchen y se hagan preguntas, y que esas preguntas calen en los debates sociales que queremos motivar. Nos emociona pensar que así será.

El debate sobre la postguerra

La pregunta que surge es: ¿cómo pueden los libros ser una luz en escenarios como el que vive Colombia hoy? Me remito a las obras de algunos de los invitados a la feria: está, por ejemplo, Contra la memoria, de David Rieff, un libro que, a pesar de su brevedad, es contundente y desafiante: lo que él arguye en ese libro es que la memoria colectiva, al ser generalmente una “memoria de las heridas”, en lugar de ser útil para llegar a la paz, o para mantener la paz, termina funcionando como un “arsenal de armas” que provocan la continuación de la guerra. ¿Qué podemos hacer en Colombia con ese argumento? Rieff, además, presenta en ese libro tres valores incompatibles: paz, justicia y verdad, y habla de la relación hostil entre esos tres valores. Nos da ejemplos de períodos de posconflicto en distintos momentos y lugares del mundo en los que no ha sido claro cuál de esos tres valores ha triunfado sobre los otros dos. Y el libro nos deja una pregunta muy difícil: ¿puede haber paz sacrificando uno de los otros dos valores? Y una pregunta más difícil aún: ¿somos capaces de sacrificar la paz por uno de los otros dos valores? En nuestra intención de motivar un disenso en paz, David Rieff hablará con Gonzalo Sánchez, director del Centro Nacional de Memoria Histórica, para debatir sobre este tema.

A la FILBo viene también Paolo Giordano, que es principalmente conocido por su novela La soledad de los números primos. Giordano publicó hace un par de años otra novela, El cuerpo humano, en la que a partir del retrato de unos soldados en una base militar en Afganistán, se pregunta por la relación sentimental que tenemos con la guerra. Ésa es una pregunta que tenemos que hacernos en Colombia: ¿cuál es nuestra conexión emocional con la guerra? A propósito de esa pregunta, pienso en el libro La guerra no tiene rostro de mujer, de la Nobel Svetlana Alexievich, quien describe ahí la compleja relación que unas combatientes de la Segunda Guerra Mundial tenían con la guerra: “Están enamoradas de todo lo que les pasó, porque para ellas no solamente es la guerra, también es su juventud. El primer amor”. ¿Qué podemos hacer en Colombia con ese testimonio? ¿Cómo nos cuestiona eso?

También viene a la feria el nuevo fenómeno editorial del mundo, el joven escritor francés Édouard Louis, que en su libro Para acabar con Eddy Bellegueule, se representa a sí mismo como víctima y problematiza esa misma representación exponiendo cómo la violencia que sufre es producto de una exclusion más amplia. Es decir, reconoce a sus victimarios como víctimas de un sistema excluyente. Por eso, entre muchas otras cosas, es que su libro es tan valioso: Louis logra salirse de su propio sufrimiento – o mejor: deja a un lado la memoria de su sufrimiento, olvida por un momento la violencia que sufrió– para mirar el contexto que lo rodea y la historia de dolor y exclusión que han sufrido los demás. Y los demás son sus victimarios. Es algo que tenemos que hacer acá colectivamente.



Otros textos del autor en Iowa Literaria:
“Ser escritor implica un descolocamiento perpetuo”
Quiero ser artista
Racimo