–Te estás quedando calvo –me reprocha mi mujer, como si yo tuviera la culpa–. Deberías empezar a usar el Minoxidil.

–¿Y eso qué es? –le pregunto con displicencia.

–El líquido que usa tu hermano. Y mira qué pelo tan fuerte tiene.

Al día siguiente voy a la farmacia y compro un frasco de Minoxidil. Durante las primeras semanas no pasa nada, pero al cabo de un par de meses empiezo a notar los resultados. Y mi mujer también:

–Parece que funciona, ¿no? –me pregunta un día en la cama.

–¿Tú crees?

–Sí. Tendré que probarlo, últimamente dejo la ducha llena de pelos.

–Mira que eres exagerada, cariño –le digo, aunque yo también me he dado cuenta.

Pasan los meses y mi cabeza está cada vez más poblada, al contrario que la de mi mujer. Un día llega a casa y me dice:

“Calvos herméticos” de la artista argentina Aída Carballo (1921-1985).

“Calvos herméticos” de la artista argentina Aída Carballo (1921-1985).

–He ido al dermatólogo.

–¿Para qué?

–Para lo del pelo.

–Ah, ya. ¿Y qué te ha dicho?

–Que el pelo que te está saliendo a ti es el que se me está cayendo a mí.

–¿Cómo? Menuda tontería.

–Pues eso ha dicho.

–¿Y tú le has creído?

Mi mujer no responde, pero en el baño, antes de acostarnos, veo que mira de reojo mi frasco de Minoxidil. Luego, ya en la cama, me dice:

–Deberías dejar de usarlo.

–¿El qué?

–El Minoxidil, qué va a ser.

–Pero, cariño, ese médico está mal de la cabeza. No lo estarás diciendo en serio, ¿verdad?

–Puede que tenga razón. Déjalo durante algunas semanas, y así vemos qué ocurre.

–Está bien –digo antes de apagar la luz.

Espero a que mi mujer se duerma. Entonces me levanto con sigilo, cojo el Minoxidil y me voy de casa, dispuesto a empezar una nueva vida. Un año más tarde me cruzo con mi exmujer por la calle. Lleva un pañuelo en la cabeza para intentar ocultar su calvicie. Antes de que me reconozca, me quito la goma de la coleta y dejo que el pelo me caiga sobre la frente.