Rita Indiana ahora te sigue en Twitter. Rita Indiana te ha mencionado en un tuit. “¡Qué buena reseña!”. Rita Indiana y yo en una selfie. Rita Indiana lee el libro que aún no he escrito y dice que le gusta. “Yo soy amiga de Rita Indiana. La conocí después de escribir una reseña sobre su última novela”.

 Armé todas esas escenas en mi mente cuando me preparaba para reseñar La mucama de Omicunlé. Recibí el libro con una sonrisa. Verán, yo amo a Rita Indiana. Nombres y animales (Periférica, 2014) es, fácil, el mejor libro que leí el año pasado. Me hizo compañía en mis primeros días de soledad en Iowa. Me reí montones con la adolescente asistente de veterinaria y su primo aparecido hijo de una loca. Después de leer Papi (Vértigo, 2005, y Periférica, 2011) pasé semana y media pensando en convertirme en merenguera para escribir así, suavecito y conversado, como su narradora. Le tengo envidia a esta mujer: ¡Escribe y hace música (técnicamente, hacía, porque en 2011 dejó su banda Rita Indiana y los misterios)! Publicó su primera colección de cuentos –Rumiantes– a los 21 años y desde entonces son pocos los que hablan de literatura caribeña sin mencionarla. Le va bien con los críticos. No le gusta que le digan que escribe realismo mágico. Quiero que se me otorguen sus habilidades –y derechos– para escribir en spanglish sin que suene a pose.

Rita Indiana. La mucama de Ominculé. Editorial Periférica, Madrid, 2015. 181 páginas.

Rita Indiana. La mucama de Omicunlé. Editorial Periférica, Madrid, 2015. 181 páginas.

Las imágenes de nuestra futura amistad estuvieron conmigo hasta la mitad del libro, cuando supe que no se iba a poner más bueno, pero sí más enredado. Alcide es empleada doméstica de la adivina y bruja del presidente dominicano en Santo Domingo en 2027. Santo Domingo es, para ese año, un moridero en donde los ricos viven salvaguardados por aparatos tipo Transformers –así los imagino– de la peste y la contaminación que hay en el mar y la calle. Todo el mundo tiene un computador en la pupila para saber a quién tiene al frente, cuánto vale y qué daños ha hecho. Alcide se quiere cambiar de sexo. La jefe de Alcide puede lograr eso y acabar por ahí derecho con el apocalipsis casi zombie en el que viven –sí, es un libro de ciencia ficción–, pero la matan. Ahí aparece el primer problema de Alcide y el mío, como lectora: la pobre queda lista para la cárcel y yo con ganas de saber más de Omicunlé porque es de esos personajes secundarios que resultan mejores que los principales (hay otros dos así en el libro). ¿Cómo se resuelve todo esto? Con un viaje en el tiempo en el que hay judíos millonarios, hippies, artistas drogadictos, residencias artísticas, proyectos de biología marina, campesinos santeros y piratas caribeños. Todo termina como la religión católica: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son uno solo pero tres al mismo tiempo.

Lo que me gusta de la autora sigue ahí: hace de todo con el lenguaje, se lee como si a uno le estuvieran leyendo –escribe hablando, rápido y despacio, como un amigo que cuenta una historia en un bar con dos aguardientes encima–, no hay errores en la prosa. Sus personajes están bien construidos, no les faltan detalles físicos o sentimentales, generan empatía, tienen sentido del humor, son ingeniosos y verosímiles. Entonces, ¿por qué cada vez me daba más pereza seguir con el libro? Tengo dos respuestas: una: no me terminó de convencer la trama de santería dominicana en medio de un apocalipsis climático; y, dos: siento que son demasiadas historias principales que al final quedan incompletas. Lo único completo son los personajes secundarios. Son las únicas historias que parecen llegar a un cierre. Las demás se quedan abiertas en los capítulos interconectados, se pierden en un sinfín de voces  que dejan la sensación de que no había necesidad de meter tanto: es que hay guerras políticas, conflictos religiosos, desastres ecológicos, problemas de identidad, discriminación gay, pérdida de identidad nacional, corrupción, asesinatos, vudú, caos social, pestes, cambios de sexo,  en apenas 181 páginas.

La contratapa del libro dice que La mucama de Omicunlé “supone la consagración de Rita Indiana como narradora”. Qué pena, pues, pero ella ya se había consagrado con Nombres y animales. Si quieren ser amigos de Rita Indiana, ese es el libro que hay que leer. Así se enamoran, como yo, y después pueden seguir con este, que me quitó la oportunidad de ser amiga de ella pero no la envidia que le tengo porque sabe escribir. Escribe mucho Rita Indiana. Y canta. Canta:

https://www.youtube.com/watch v=LBVLvIjBFko&list=PLAiPMuzW5ykT75K0zZ299v7_yZ9gfVJ_d





Otros textos de la autora en Iowa Literaria:
Ya van a ver
Autoayuda
El arte de sobrevivir al Riot Fest