En 2006, el lexicógrafo y académico Manuel Seco escribía en el Boletín de la Real Academia Española una emotiva necrológica de Alonso Zamora Vicente, que había muerto en su casa madrileña el 14 de marzo a los 90 años de edad. En ella, además de hacer un repaso por la vida y los trabajos del filólogo recién fallecido, urgía a la Academia a publicar la segunda edición de la historia de la Academia en la que Zamora Vicente había trabajado hasta el día mismo de su fallecimiento. Seco acababa su semblanza diciendo que «sería deplorable que esta obra fuese arrinconada por la misma Academia, como tantas veces lo han sido otras empresas, de calidad e importancia reconocidas».

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Dieciséis años después de la publicación de la primera edición en 1999, se presentó, el lunes 4 de mayo, en Madrid, la segunda. Ampliada y corregida según las fichas y el método de trabajo del propio Zamora Vicente, el también filólogo Mario Pedrazuela Fuentes se ha encargado de dar continuidad al proyecto por cuya subsistencia temía Seco. Pedrazuela trabajó junto a Zamora Vicente de manera muy cercana durante diez años y lo hizo incluso objeto de su tesis doctoral: Alonzo Zamora Vicente. Vida y filología.

En el acto, celebrado en la Real Academia Española, han intervenido además de Manuel Seco, el presidente de la Fundación Masaveu, Fernando Masaveu, y Darío Villanueva, director de la Academia. Ambos han intervenido en calidad de representantes de las instituciones que han hecho posible la realización de este proyecto, que ha visto la luz en un libro de diseño minimalista y cuidado a cargo del estudio de diseño gráfico Sánchez/Lacasta. Fernando Masaveu ha hecho hincapié en que ya no había ejemplares disponibles de La Real Academia Española de Zamora Vicente y Darío Villanueva ha dicho sentirse feliz de que el temor que Seco había expresado en su texto de 2006 no se hiciera realidad.

Leyendo La Real Academia Española uno puede descubrir desde cómo se produjo la formación de la Academia en 1713, cuáles fueron sus primeros pasos y en qué locales tuvo su sede, hasta la fundación de las academias hispanoamericanas y filipina, con todas las polémicas que se desataron en torno al centralismo de la Academia en España. Puede leerse también, por ejemplo, cómo tras la guerra civil española, el entonces director de la Academia, Ramón Menéndez Pidal, se negó a sustituir los sillones que estaban ocupados por los académicos exiliados a causa de su adhesión a la República, tal y como le pidió el franquismo, y mantuvo sus cargos simbólicamente.

El libro dedica espacios también a la escasa presencia de mujeres en la institución, a la incertidumbre del futuro de la Academia (que Zamora Vicente sentía que tenía que prestar atención a la calle y a los cambios sociales que en ella se produjeran) e incluso reserva un lugar a la voz hostil a la academia desde sus comienzos hasta la actualidad (hace referencia a la publicación de 2011 El dardo en la academia, donde pueden encontrarse algunas de las críticas más argumentadas).

La Real Academia Española de Alonso Zamora Vicente ha sido actualizada con datos hasta 2014. El ejemplar, publicado tanto en tapa dura como en tapa blanda, cuenta con 696 páginas.