Presentamos a continuación una muestra del poeta colombiano John Galán Casanova. En esta muestra, al igual que en su obra en general, son evidentes la austeridad del lenguaje, en ocasiones también de tono irónico y satírico, y la observación atenta de lo cotidiano. La poesía de John Galán toma los episodios del día a día y les confiere un sentido nuevo, resultado de una mirada poéticamente sencilla pero incisiva.

De: El coraz´n  portátil (1999)

Aerolitos en la autopista

ilustración

¿Hasta cuándo hemos de surcar

raudos la noche

como aerolitos en la autopista?

Husmeando de sitio en sitio,

sin establecernos,

siempre zarpando,

siempre de salida.

Mirad a ese anciano

recostado en la puerta de su casa:

¿alcanzaron a verlo?

Yo lo vi

desde mi vacío a 100 km/h.

Ese hombre lento y acabado

tiene más posesión del universo

que cualquiera de nosotros,

patas de mosca,

saltando de un video a otro,

de un amor a otro,

de una emisora a otra.

Pisando frenéticas huellas

en pistas de baile,

como queriendo borrar

cada rastro del camino recorrido.

Tan hermosos, tan modernos, tan indolentes.

Todos juntos, todos solos,

todos cerca, pero no lo suficiente.

 

14’287.893’850.128

Allá,

el teléfono debe estar repicando sin parar,

cada campanada como una sonda de radar

por todo el apartamento.

Acá,

yo solo escucho un pito tenue y pausado

con intersticios de silencio

que quisiera interrumpieras con tu voz.

Pero no estás,

y como no estás

decido entonces

marcar un teléfono de 14 cifras:

14’287.893’850.128.

Es un teléfono celeste,

donde tampoco contestan.

Es un teléfono del futuro,

de cuando nuestras ciudades contengan

tan monstruosa aglomeración de gentes.

Ni tú, ni Dios, ni el futuro

me contestan, ¡coño!

Mejor compro un pan con esta moneda,

o se la doy a un mendigo.

He apostado tres veces

a que caiga cara

y ha salido siempre sello.

 

De: AY-YA (2001)

La fama

Yo digo que la fama

tiene pésimos planes de mercadeo

para nuestro gremio.

Llega demasiado tarde,

como uno de esos viajes a Tierra Santa

que ofrecen a los abuelos

cuando ya no logran discernir entre Egipto y Palestina.

 

¿Para qué sirve la fama en la vejez?

¿Para perturbar el tiempo de la siesta

de entrevista en entrevista?

La fama va mejor con la juventud,

cuando aún tenemos ánimo

para la vagamundería.

 

Haciéndose presente

desde un principio,

la fama traería un beneficio adicional:

el novel escritor

podría dedicar a su labor

la energía que consume día tras día

su delirio de grandeza.

 

De: Árbol talado (2010)

Lavaplatos en U.S.A.

Abro el grifo

y me sumerjo

en el río del tiempo.

 

El lavaplatos

es la cascada de la infancia

encogida por los años.

 

El agua cae

y hace que se arruguen

las yemas de mis dedos.

 

Ante montañas de loza

como único horizonte,

no me quejo:

el trabajo es simple,

da para ahorrar

unos buenos dólares.

 

Al regresar a Colombia

construiré una piscina

en el patio de la casa.

 

Todo bajo control, 3

Somnoliento,

Joel Holmes abre su última cerveza

y sigue mirando las noticias.

El huracán brama

desde el Golfo de México,

llegará a la ciudad

pasada la medianoche.

 

En los últimos años

Joel ha visto muchas tragedias

en vivo y en directo,

pero nunca imaginó

el desastre así,

fuera de la pantalla,

a la puerta de su casa.

 

¿A dónde ir?

Es demasiado viejo

para alcanzar el techo.

Los que tenían carro

partieron

en la mañana.

En la tarde

creyó oír el timbre:

algún vecino rezagado,

la policía tal vez.

 

En el estadio

los refugiados abarrotan

cada centímetro.

El presidente

no tiene prisa alguna

en encarar las cosas,

Joel tampoco.

 

Recuerda imágenes del 11 de septiembre,

la invasión a Irak,

el tsunami en Indonesia…

 

¿Acaso le gustaría verse

sobreaguando en el tejado

o izado en una canastilla

sobre las calles sumergidas?

 

El presentador confirma

la entrada de Katrina

al Estado de Luisiana.

La electricidad

se interrumpirá

de un momento a otro.

 

Joel alcanza

sus píldoras,

las traga

con el sorbo

de cerveza

que le queda.

 

Ha sido

un televidente anónimo

toda la vida.

Mañana será

una anónima víctima.

 

De: LI poemas para Li (2013)

XXXI

somos huéspedes                                                                                

de lo que nos queda

 

cada palmo

de lo que nos queda                                                                                                          
          

basta para cocerse al sol                              

 

el mismo día llueve y no llueve

confluyen la tempestad, la calma

la aridez y el río desbocado

 

arden hogueras de plástico                                       

a nuestras espaldas

 

sandalias descoloridas                                                       

buscan pareja en la playa

 

el silencio es mercancía rara,                 

en vía de extinción

 

toda la noche

retumba la consigna:

Sálvese quien pueda

Sálvese lo que nos queda

Siglo XXI

Vivir, dejar morir

 

XLVIII

¿habrá ceniceros y buen café

donde quiera que estés, caro Damário?

 

¿a qué dirección lanzo estas señales de humo?

 

quiero presentarte a Li:

ella entendió desde un principio

y logró explicarme al fin

tu poema “Diferente”

(¡ella me ve sempre como não sou!)

 

iremos a tu casa,

cruzaremos el río para retratar Cachoeira

desde São Félix

 

los colegas andamos atareados

escribiéndote

 

A vida

dura menos que um poema,

la memoria es más larga…

 

honras sin falta

el festín de mi soledad

                                                                                         

lo íntimo, amigo mío,                                                                  

no es algo que la muerte sepa interrumpir

 

              A la memoria del poeta y fotógrafo Damário Dacruz  (1953-2010)     

XLIX

amarnos por teléfono

e internet

 

escucharnos

a cientos de kilómetros

 

vernos sin tocarnos

 

reos de visita

a través de una bocina

y un cristal

 

a media hora de amor luz

la boca no lame,

los dedos no saquean olores

 

no abusemos 

de la cibernética

y la telepatía

 

cambiaré el ordenador

por un tiquete

para burlar esta quimera