el poeta Luis Bravo lee en Prairie Lights

el poeta Luis Bravo lee en Prairie Lights

Martes 10 de febrero y en el segundo piso de la librería Prairie Lights se escucha el murmullo de lo que parece una campana, quizás un cuenco tibetano, algún instrumento extraño que reverbera con un tono agudo constante. Detrás del público aparece un hombre con el pelo mustio erizado y notamos que lo que suena es una copa con agua que sostiene en sus manos frotando su borde. Luis Bravo, el poeta uruguayo, quien en el 2012 visitó Iowa como parte del IWP, viene vestido de negro, se acerca lentamente hasta el micrófono, y en compañía de una arpista da inicio a su performance, su lectura, su ritual (no puedo pensar en una mejor manera de referirme a ese acto tan extravagante). Detrás de unos anteojos que agrandan su tamaño, los ojos de Luis, color almíbar –como pude comprobar después, al saludarlo–, leen el libro que reposa sobre un atril mientras el arpa suena; leer es un decir, más acertada sería la palabra interpretar, pues lo que oímos es una experimentación con el lenguaje, su ruptura, su reconstrucción, sonidos guturales, vibratos de la voz y los labios, la voz en falsete que explora sus límites como si el poema en la página fuera la partitura de una obra experimental, John Cage, quizás.

Luis Bravo lee (o interpreta) una muestra de su libro Liquen, traducido al inglés por William F. Blair y Pablo Rodríguez Balbontín (Lychen, Song Bridge Press, 2014). Es una lectura bilingüe acompañada de instrumentos percutivos, de otros lectores/intérpretes que leen en ambos idiomas, español e inglés, y la sensación al escucharlos es comparable a asistir a un ritual prehistórico, cavernario, donde el lenguaje se reinventa, donde por primera vez se gesticulan los sonidos que algún día habrán de articular una lengua nueva, y donde, también, a veces sobresalen versos fuertes, plásticos, ingeniosos:

no son dos mujeres sentadas, estas peras, no
no son dos mujeres sentadas, estas dos peras, no, Man Ray

O:
en el corazón acecha lo indecible
en la imagen del lenguaje
en lo indecible acecha la imagen
en el corazón del lenguaje
en el lenguaje del corazón…

La librería Prairie Lights es uno de los lugares emblemáticos de Iowa City, la ciudad literaria, una de las pocas declaradas como tal por la UNESCO, y con mucha frecuencia despeja los anaqueles del segundo piso para volverlo un salón de lecturas. Poetas, escritores y performers de todo el mundo han pasado por este recinto a lo largo de los años, pero creo que pocos han traído un espectáculo tan atípico como el de Luis. Resulta de alguna manera atípico que un hombre con ojos grandes color almíbar gesticule y murmure sonidos desarticulados, que lo haga en varios idiomas en simultáneo sobre una grabación de Blues, pero, después de todo, esa es su apuesta, una evolución de la poesía: «el homotypographicus está muriendo», me dijo después, «ya nos lo anunció McLuhan en La galaxia Gutenberg», y, después de todo, eso es Liquen: «un extraño injerto que pertenece al reino vegetal igual que al de los hongos, algo sin definición precisa».