Los iowenses de todas las edades traen al hombro sillas reclinables, las despliegan frente a los edificios emblemáticos del Pentacrest (el parque central de la Universidad de Iowa), bajo los árboles inmensos, sobre la hierba verde todavía, presidiendo una inmensa tarima que este fin de semana acoge a músicos de distintas procedencias, pero cuya música, de alguna manera, entra dentro de la categoría soul. Es el Festival de Soul de la Ciudad de Iowa, ocasión para instalar carpas con manjares (y no tanto) para todos los gustos, un mercado de artesanías “africanas”, un estante para maquillarse la cara con dibujos de mariposas o calaveras, un simulacro de bar donde los sedientos podrán tomar cerveza, en suma, una feria estrafalaria. Estrafalaria si tenemos en cuenta el paisaje usual de la calle Clinton, generalmente invadida de estudiantes fervientes (de día igual que de noche), pero invariablemente estática. Y es que es el entorno perfecto, bajo los árboles y el aire sereno de la tarde fresca, para disfrutar de un buen bocado y un buen concierto: el invitado estelar en esta ocasión es Al Jarreau, músico de reconocida trayectoria quien, incluso, en su época adelantó estudios de Maestría en la Universidad de Iowa.

Los Sierra Leone's Refugee All Stars

Los Sierra Leone’s Refugee All Stars

De modo que la calle Clinton está en la tarde del viernes populosa como pocas veces. Hordas de personas caminan entre nubes de olores: papas fritas con queso, lomo jamaiquino, pinchos de cerdo, piernas de pavo a la braza, helados, pollo al estilo New Orleans, todos estos platillos tienen también un olor, el cual se extiende horizontal al igual que verticalmente, entre los paseantes al igual que hacia los cielos. En la tarima un grupo interpreta música de procedencia inconfundiblemente africana, son los Sierra Leone´s Refugee All Stars, su música suena a Soca, a trópico, traen trajes coloridos, peinados excéntricos. Cerca de la tarima algunos bailan, otros juegan con aros haciéndolos girar en torno a sus cinturas, en los cielos. «Are you happy?» pregunta un viejo sonriente con rastas blancas por el micrófono: «Yes!» contesta airado el público y la música alegre vuelve a sonar.

Finalmente sube a la tarima Al Jareau. Las sillas son ahora muchas más, y muchas resultan inútiles, porque la mayoría del público lo recibe de pie, lleno de emoción. Interpreta algunas canciones con su voz suave: para quienes no lo conocen, podría decirse que es una mezcla entre Michael Jackson y Barry White, emblemático de los años ochenta, soul puro. Debo confesar, no obstante, que su música resulta un tanto anacrónica, y que su voz no llega tan efectivamente a los lugares donde pretende llevarla. Aún así el público canta, baila: imagino que para la mayoría de ellos, igual que para Jarreau, será un lapso de viaje en el tiempo, regresar al pasado.

El sábado la música se prolonga desde el medio día hasta la noche, distintos grupos interpretan clásicos del Funk, Disco, incluso Jazz. Lala Hathaway cierra el evento, dentro de sus piezas se encuentra una versión sofisticada de Summer Time. “Summer time, and the weather is easy”, canta con una voz llena de colores, vestida con un saco brillante, mientras el público la escucha pasmado, contemplando la música en la noche fresca. Mientras tanto los comerciantes de las carpas guardan disimuladamente sus parrillas, sus vestidos, sus artesanías, para dejar la calle Clinton tal y como estaba el jueves antes de que llegaran las luces y los parlantes, estática, aunque con reminiscencias de un fin de semana muy complaciente, porque el Pentacrest fue por estos tres días un parque para la memoria, para el baile, para el placer, todas ellas modos distintos de, en últimas, recrear las almas de los iowenses.