Sabiamente, a traición, esa ciudad se ocupa de vengarse. Manuel Delgado Era posible que la nariz tapada por el resfrío –siempre se pescaba algún virus en los aviones—le distorsionara el olfato; tenía que ser eso, pero cuando se sonaba con el pañuelo de papel y podía ingresar aire, el olor era todavía peor. No recordaba...