La mujer loca camina al frente dando tumbos sobre la acera, gira su cabeza al vilo, cuello de gallina sacrificada sobre la piedra del haber nacido. Lleva una maraña de bolsas, migas de cordura, gemas verdes atesoradas en el balbuceo de los recuerdos, y un abrigo grueso, muy parecido al mío abierto para la obsidiana...